Thursday, January 7
Durazno sangrado, peponia pica.
Matías me dirá que no, pero yo le digo que sí, y los humanos somos inhumanos, y cuando abrimos con un abrelatas una lata de duraznos, y muy prolijamente clavamos, incamos los dientes del tenedor en uno de los duraznos, lo estamos matando cuidadosamente. Mati me dice que para cuando abrimos la lata ya estan muertos (fea, cruel expresión), ya que mueren cuando se los arranca de la planta. Pero no. Porque es sabido, y es OBVIEDAD que adentro de cada lata, se encuentran muchas historias. No sólo de amor y amistad, alguna que otra familia debe haber (y ahí esta la gracia: sr durazno sale con sra durazno que resulta ser la hermana del mejor amigo del sr durazno, etc). Cuestión que. Dejemonos de romper las pelotas, Mati, no te hagas el duro y aceptá que tengo razón. Cada vez que pinchamos, presionando con fuerza para que no se resbale entre el almíbar, sacudiendo otro poco y vertiendo en el plato, estamos liquidando cual pobres vidas naranjas, ¿qué culpas? Y se resbalan, por lo general se resbalan, pero es que están tratando de uír, ya heridos. Cuya sangre es el almíbar, y luchan, todos luchan contra aquel fiera tenedor, que cada vez, más violentamente, hinca que te hinca, qué tormenta. Ni el corazón dejan, hasta el caroso comen. ¿Quiénes? Personas como Matias. Que no están enterados de que él tambien está (él, yo, vos) en una lata, y que algun día, cuando esté bien madurito, una mano gigante de arriba vendrá hacia él con un objeto punsón y plateado, atravezandolo a la altura de la cintura, pobre infeliz. Luchará, luchará. Pero esa mano, aunque sea todo destrozado, no parará hasta conseguirlo. ¿Quién? Algún Dios de arriba, que lo servirá en bandeja y adeeeeentro. Ni el corazón le dejará. El corazón es mio, che.