Extrañar es pensar que la vida es distinta desde que no está contigo, es mirar cada cosa en el sitio donde la pusiste la última vez, mirar el vaso donde bebía siempre y que nunca mas va a usar, la carta que te dio y te niegas a tirar, el sofá donde tuvieron tantas charlas, algunas discusiones, donde muchas veces se quedaron dormidos viendo alguna película, película que ahora tienes que ver solo.
Fracasar una y otra vez en tus intentos de olvidarlo, tratarlo como amigo y darte cuenta de que él sólo quiere ser eso; escucharlo mencionar sus recuerdos mientras se te despedaza la garganta con el nudo que se forma, mirarlo y pensar que antes tenías permiso de hacer lo que sea con él, y ahora ni siquiera deberías de estar mirandolo.
Ahogarte en las ganas de pedirle que regrese, rogarle al cielo que le muestre el camino hacia ti, preferir la muerte a pasarte la vida sin lo que tuviste antes y por idiota dejaste que se vaya.
No tengo ni una razón para extrañarlo.
Y no sé por qué la extraño tanto si no tengo razones para hacerlo, no sé porque la plaza
me hace extrañarlo tanto si nunca estube ahí con él.
No sé por qué comer sandía me hace recordarlo si nunca comí sandía con él, ni sandía ni nada. No sé por qué cumplir años me hace pensar en él, si ni siquiera sabe en qué fecha cumplo años; no sé por qué extraño su boca si ya no recuerdo sus besos, no sé por qué extraño sus manos si nunca las necesite tanto, no tengo razones para extrañarlo pero aun así lo hago.